Por eso entrenan y por eso juegan: para ganar partidos importantes en marzo para su escuela y para ellos mismos; Bañarse en fanfarria y confeti y permanecer erguido triunfalmente en la escalera sobre el mundo y cortar un precioso hilo de redes.
Rick Pitino anhelaba ese momento nuevamente el sábado por la noche en el Garden, anhelaba campeonatos consecutivos del Torneo BIG EAST para St. John’s, un programa que había resucitado y devuelto a la prominencia nacional, para sus compañeros neoyorquinos y para él mismo.
Y para cumplir su promesa a su esposa Joanne de ganarle este campeonato del torneo de la Conferencia Big East.
Y Pitino y Jubi Ejiofor, con hasta el último Johnny, parecen haberle dado a Dan Hurley y sus Huskies un mensaje fuerte y orgulloso:
















