Hace unos días, A. Una publicación de blog El mercado de valores se hundió. Tuve que comprobarlo.
Se trata de cómo la IA colapsará la economía en tan solo unos años. Es una hierba gatera para aquellos de nosotros a quienes nos gusta la escritura panorámica: es ambiciosa, amplia, provocativa y está escrita con una pizca de actitud. Si aún no lo has visto, vale la pena reservar unos 20 minutos para verlo.
El quid del argumento es que una IA eficaz sustituirá el trabajo humano en la mayoría de las industrias administrativas y lo hará a una velocidad asombrosa. El desplazamiento repentino y generalizado de empleos colapsará los valores de las propiedades y las bases imponibles locales, con efectos devastadores en las comunidades y gran parte del sector público. El desempleo masivo se producirá simultáneamente con la concentración masiva de riqueza (y por tanto de poder) a favor de quienes poseen la tecnología, lo que significa que el gobierno no estará en condiciones de proporcionar una asistencia significativa; Habrá sido suficientemente captado por quienes tienen los medios que todos quedarán reducidos a espectadores. La pérdida de poder adquisitivo entre millones de personas conducirá a quiebras empresariales en cascada, ya que la mayoría de las personas se verán obligadas a recortar sus gastos, y aquellos que aún no han perdido sus empleos verán lo que se avecina y acapararán lo que puedan, mientras puedan.
Cualquiera que esté familiarizado con Marx y Keynes reconocerá gran parte de este argumento. La producción intensiva en capital depende del consumo masivo para comprar lo que produce; El desplazamiento de trabajadores (en este caso a favor de los robots) provocará un colapso de la demanda agregada. Marx calificó esto de contradicción, aunque su solución dejaba mucho que desear. Keynes ofreció una solución a la débil demanda –gasto deficitario para “encender la bomba”– basada en la idea de que las recesiones son de corta duración y cíclicas. Pero los cambios que forzarán los robots (la desintermediación generalizada, esencialmente) serán estructurales y permanentes. El estímulo a corto plazo no es una solución a largo plazo.
El nuevo elemento del argumento son los propios robots. Si pueden hacer las cosas por las que solíamos pagar a las personas inteligentes, ¿cuál es el valor económico de las personas inteligentes? Sí, se necesitan unos pocos para operar los robots y algunas personas capacitadas para cuidar la infraestructura física, pero eso no se acerca al pleno empleo. Una economía construida sobre la teoría del valor trabajo encontrará dificultades cuando el trabajo ya no sea necesario para crear valor. ¿Qué haces con toda esta gente?
importante.
Décadas de políticas de austeridad han agotado tanto nuestra imaginación política que se ha olvidado toda una escuela de pensamiento. Durante los primeros dos tercios del siglo XX, la suposición común era que la semana laboral se volvería mucho más corta con el tiempo. ¿por qué no? Los enormes avances en productividad han abierto la posibilidad de tener mayores opciones en cómo empleamos nuestro tiempo. Tenía sentido dividir las ganancias entre aumento de salarios y mayor tiempo de ocio. Desafortunadamente, lo que ahora llamamos “equilibrio entre vida personal y laboral” pareció que se solucionaría solo. (Clásico de Julieta Shore El americano cansado Muy bueno en esto.)
En la década de 1960, la suposición de que el problema de la escasez se resolvería impulsaba gran parte del pensamiento sociológico. John Kenneth Galbraith sociedad rica–a quien ahora se le recuerda principalmente por haber acuñado el término “sabiduría convencional”– identificó el dilema central de las economías de mercado modernas: crear demanda suficiente para consumir todo lo que la tecnología moderna podría producir tan fácilmente. (Ésta era la función social de la publicidad). El sociólogo David Riesman tituló su colección de ensayos en la década de 1960: ¿Abundancia para qué?confiando en el supuesto de que la escasez ya no es importante en los países desarrollados. Ahora podemos centrar nuestra atención en lo que él llamó “cultivo del ocio”.
entrevista ¿Abundancia para qué? Con el bestseller del año pasado abundanciaen el que Ezra Klein dijo que los progresistas deben convencerse de que existe una alternativa a la austeridad. Reisman de la década de 1960 habría considerado inverosímil esta hipótesis. La productividad es ahora mucho más alta que en la década de 1960, así que ¿por qué no colmarnos de riqueza? ¿Por qué nuestras instituciones públicas tienen dificultades para respirar cuando la economía es más productiva que nunca? ¿Por qué la semana laboral se ha alargado? ¿Por qué la vida cotidiana se vuelve más difícil?
No se trata de líneas de montaje, medios o robots. Más bien, se trata de una elección política más fundamental: ¿los frutos del progreso tecnológico deberían atesorarse exclusivamente en las altas esferas o deberían compartirse ampliamente a través del sistema político? ¿Debería el pueblo servir a la economía o debería la economía servir al pueblo?
Los maestros de robots son una pista falsa. La cuestión básica es el poder. Si lo haces bien, los bots pueden tener un propósito útil. Si se equivoca, el memorando de amplia circulación podría resultar profético. Debemos elegir mientras podamos. Éste es el valor actual de las personas inteligentes.
















