El año pasado, después de que finalmente publiqué un artículo en el que había estado trabajando durante meses, hice algo que nunca había hecho antes: lo imprimí, agregué un código QR que lo vinculaba a la versión abierta y lo pegué con cinta adhesiva en el exterior de la puerta de mi oficina.
Al principio se sintió extraño. ¿Estaba presumiendo? ¿A alguien le importará? Pero a los pocos días, un estudiante pasó y dijo: “Oye, vi tu trabajo, ¡felicidades! Me preguntaba si este podría ser un tema para mi tesis”. Esa conversación me recordó por qué me convertí en científico: para compartir la alegría de descubrir cosas nuevas.
En el mundo académico, a menudo compartimos nuestros logros en línea. Las redes sociales se han convertido en un lugar popular para anunciar nuevas salidas y celebrar hitos. Pero existe una diferencia entre el compromiso digital y la presencia física. Un tweet puede llegar muy lejos, pero no puede provocar una conversación espontánea en el pasillo. Las conferencias ofrecen participación en persona, pero son raras y, a menudo, exclusivas o demasiado concurridas. ¿Cuelgas un trozo de papel en la puerta de tu oficina? Esto es inmediato, local y silenciosamente poderoso. Es un gesto simbólico que lleva tu investigación al espacio físico de la universidad, algo que rara vez se hace en la cultura digital actual.
También vivimos en una era en la que nuestro trabajo, especialmente el científico financiado con fondos públicos, está bajo un escrutinio cada vez mayor. Si bien el público en general no puede deambular por los pasillos de la universidad, nuestros colegas, estudiantes y visitantes sí lo hacen. Hacer que nuestra investigación sea visible para ellos es un acto de responsabilidad sutil pero significativo. Nos recuerda que, como científicos, no somos sólo científicos: también somos custodios de la confianza y la inversión públicas.
Colgar un papel en la puerta es un pequeño gesto. Pero es visible. Ella dice: Esto es en lo que he estado trabajando. Así es como se amortiza su inversión en ciencia. No se trata de alardear. Se trata de transparencia, accesibilidad y tal vez incluso un poco de alegría.
Sin embargo, este simple gesto puede parecer sorprendentemente cargado. Muchos de nosotros podemos dudar. Puede parecer una autopromoción o provocar un juicio no deseado. Estas preocupaciones están profundamente arraigadas en la cultura académica, donde se espera humildad y la visibilidad puede parecer un riesgo. Pero tal vez haya llegado el momento de cuestionar esta suposición. ¿Y si, en lugar de verlo como un espectáculo, lo viéramos como un espectáculo? Y si lo abordamos intencionalmente, hay maneras de hacer que este gesto sea más atractivo que intimidante, formas que pueden ayudar a cambiar la cultura sin que parezca una actuación.
Aquí tienes una forma más innovadora de hacerlo: incluye un código QR que enlace al texto completo de tu artículo, un comunicado de prensa o incluso un breve resumen en vídeo para una audiencia general. Facilite la inmersión para cualquier persona (estudiantes, colegas o visitantes). Rote los trabajos trimestralmente o al menos al final de cada semestre. Esto no sólo mantiene las cosas frescas, sino que convierte el ritual en una rutina. Se convierte en una forma más de reflexionar y compartir el progreso. Utilice la puerta para iniciar una conversación. Agregue una nota breve al lado del documento: “¿Curioso? ¡Hablemos!”
La ciencia no necesita esconderse detrás de muros de pago o institucionales. Cuanto más compartimos, más se nos invita a participar, colaborar y comprender. Es posible que colgar un trozo de papel en la puerta de entrada no cambie el mundo, pero puede cambiar el pasillo. Y este es el comienzo.
Así que la próxima vez que publiques, considera saltarte el humilde silencio. Imprime la hoja. Añadir código QR. Átalo. Nunca se sabe quién podría pasar por aquí.















