Un soñoliento lobo marino decidió que las mochilas de unos turistas colocadas en un banco en las Islas Galápagos eran el lugar perfecto para tomar una siesta.
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Un soñoliento lobo marino decidió que las mochilas de unos turistas colocadas en un banco en las Islas Galápagos eran el lugar perfecto para tomar una siesta.
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