La Asociación de Amigos del Museo Diocesano organizaron un viaje a La Puebla de Castro

Iglesia de Juseu

Iglesia de Juseu

El sábado 7 de mayo la Asociación de Amigos del Museo Diocesano retomó sus viajes culturales. En esta ocasión viajaron a La Puebla de Castro y sus alrededores.

Fueron un numeroso grupo de 45 personas, que atentos a las previsiones de lluvia que se anunciaban, hicieron rogativas para que ese día no lloviera. Y fueron atendidas porque no llovió y, aunque nublado, el tiempo les fue favorable. Quieren agradecer al grupo de guías voluntarios de esta localidad lo bien que los atendieron y explicaron y también felicitarles por su iniciativa en la difusión y conservación de su patrimonio artístico. Desean que cunda su ejemplo y en otros lugares se realice una labor como la que ellos están haciendo.

En primer lugar contemplaron su magnífico retablo de finales del siglo XV, dedicado a San Román y que hoy se encuentra en su iglesia parroquial. Siempre es gratificante poder ver estas obras de cerca y con detalle. También su museo que alberga las obras que una entidad tan importante como la Baronía de Castro fue acumulando.

San Román de Castro

San Román de Castro

Después se trasladaron al yacimiento romano de Labitolosa: la Curia y las termas que ponen de manifiesto el grado de desarrollo tecnológico que alcanzó el mundo romano y la buena calidad de vida de la que disfrutaban.

Al final de la mañana llegaon a la iglesia de San Román de Castro, enriscada sobre el desfiladero del Ésera y los restos de su recinto amurallado. Sorprenden sus pinturas del alfarje del coro con una iconografía poco común y llena de fantasía.

Comieron contemplando el pantano de Barasona en el restaurante Soubenuix y, ya por la tarde, se trasladaron a Aguinaliu y Juseu. Una nueva sorpresa para muchos al contemplar las magníficas yeserías mudéjares que decoran su iglesia: realizadas por un maestro francés procedente de Zaragoza que inspirado por el arte local de tradición mudéjar creó una decoración en la que mezcla la geometría propia de este arte con la exuberancia decorativa del barroco, originando unos juegos de luces, sombras y volúmenes que maravillan a quien los contempla.