Eugenio Monesma Moliner y su raíz monegrina

Además de ser un referente en el cine antropológico y etnológico en Aragón, un pionero en el trabajo de investigación tanto de oficios artesanales, muchos de ellos desaparecidos, de tradiciones perdidas en el tiempo, como de recuperar el patrimonio cultural, Eugenio Monesma Moliner tiene un gran vínculo monegrino, sus raíces pertenecen a esta comarca y su carácter de luchador así lo demuestra.

Nació en Huesca un veintiuno de noviembre de 1952 y era muy joven cuando comienza su interés por el cine, aunque ya tenía veintisiete años cuando realiza su primer corto: Guernica, de  contenido social, al igual que  Soldado azul, Jaque de reyes, Último viaje y Strees. En 1983 comienza con los documentales etnográficos y se integra en el Instituto Aragonés de Antropología. Es entonces cuando comienza a obtener premios y prestigio de su trabajo, lo que  hace que desde 1988 inicie una colaboración con la Diputación de Huesca para la realización de diferentes videos, hasta que en 1991, crea la productora PYRENE P.V., S.L.” Pyrene lo fundamos mi mujer Mercedes Sorrosal y yo, con todo nuestro esfuerzo económico y con los ahorros que conseguimos en nuestro video club ‘Centro de la Imagen’”,  subraya Monesma.

¿Quién es en realidad Eugenio Monesma?, “simplemente es un curioso, un “culoinquieto” que decía mi abuela, que no para, que siempre tiene delante un montón de proyectos, que todo lo que ve en sus salidas al monte, en sus lecturas o en las conversaciones con nuestros mayores, le parece de interés para contarlo a los demás. Eso sí, si es posible, a través de la imagen y dándoles todo el protagonismo que se merecen”.

Centrándonos en su relación monegrina, Monesma explica  que su abuela materna, Gregoria Pallarés, descendía de Castejón de Monegros, “donde todavía tengo familia. Mi abuelo materno, Pedro Moliner era danzante de Sariñena y tenía como mote “Trenzaderas”, dicen que era porque llevaba las cintas de los calzones siempre sueltas. Así como mi primo Manuel Benito y otros primos míos sí que eran asiduos durante su infancia y juventud a las fiestas de Castejón de Monegros, yo no tuve esa suerte”. Antes de dedicarse  a la realización de documentales, sobre todo cuando en el año 1984 hizo un documental en super-8 sobre el Dance de Castejón, cuenta que apenas había tenido relación con su familia castejonera; “como en muchos casos, los entierros eran los lugares de encuentro”.

Otro vínculo que rememora con cariño es el de su ‘hermano de leche’, “mi  madre, que cuando yo nací ella estaba en aquella institución que se llamaba “la gota de la leche”, crio junto a mí a un neonato de Sariñena cuya madre tenía carencia de leche. Hace algunos años pude coincidir con él en Sariñena”.

En esta relación con la capital monegrina, llanamente narra la historia de brujería cuya protagonista fue su abuela, “era sirvienta en casa de un rico de Sariñena, era una moza de buen porte, al igual que mi abuelo, jornalero y algo juerguista. Resulta que a mi abuela la rondaba un miembro de la familia donde servía. Pero decidió casarse con el pobre y campechano que luego fue mi abuelo. Ante esta humillación, el rico le envió a mi abuela una bruja para que le echara el mal de ojo”.  Y tuvo su efecto, “pues los cinco primeros hijos que tuvieron se murieron a los pocos días de nacer. El sexto hijo, que nació por las fechas de San Juan, lo sanjuanaron en una acequia por la noche y se marcharon con él a Barcelona, lejos de Sariñena. Éste vivió hasta cerca de los ochenta años, eso sí, con una afección crónica pulmonar. Los seis hijos siguientes vivieron, alcanzando los setenta y ochenta años, excepto uno que se casó con una vecina de Sariñena y murió a los 50 años. Como se suele decir de las brujas, “haberlas, haylas”.

El documentalista etnógrafo era primo de Manuel Benito, otro gran referente, polifacético y divulgador de la cultura e historia de Aragón, “nuestras madres, hermanas, e hijas de Gregoria y Pedro, los de la historia de brujería. Con Manolo colaboramos juntos en muchos proyectos, tanto personales como vinculados al Instituto Aragonés de Antropología. Recogimos además en documentales todos los dances que se conservaban en Monegros. Con él iniciamos hace más de veinte años las visitas y catalogación de las cuevas rituales, la mayor parte de ellas localizadas en Monegros”, colaborando con Monesma  en el proyecto de 12 capítulos de una hora de duración cada uno, “sobre la postguerra y el maquis, que me llevó quince años terminarlo, titulado “Las Ilusiones Perdidas”. Recuerdo que cuando entrevistó a Santiago Carrillo, no dudó en disfrutar un cigarro con él, el hombre más fumador que había conocido, pues se encendía el siguiente cigarro con la brasa del anterior. Y, sobre todo, hemos ido de fiestas, hacíamos tertulias y reuniones culturales… En fin, éramos grandes amigos y compartíamos muchos de nuestros secretos”.

Nuestro prestigioso protagonista confiesa ser un gran amante de los paisajes monegrinos, “desde las cumbres pirenaicas, pasando por las sierras y los verdes somontanos, yo recomiendo siempre la visita a Jubierre, con sus singulares torrollones, un paraíso desconocido que encanta a cualquiera que lo visite. Comenzando en octubre hasta abril, el territorio de Monegros suele ser el destino de muchas de mis excursiones, bien sea con finalidad etnográfica, naturalista o, simplemente, como elixir relajante. Por otra parte, nunca faltan amigos por estas tierras que me quieran mostrar aquellos elementos de su patrimonio a los que muchas veces no se les ha dado importancia, pero siempre tienen algo con lo que nos pueden sorprender”.

Para Monesma a los Monegros le falta gente con ganas de prosperar y trabajar, “cuando viajo por los pueblos de España y pregunto por el número de habitantes, me sorprende que me dicen… “Oh, es un pueblo pequeño, solo tiene 2.000 habitantes”. Entonces, ¿Cuál es el tamaño de nuestros pueblos? ¿Y su población, generalmente envejecida? Creo que lo más importante es aumentar la población, facilitar el acceso de los jóvenes al trabajo y a todos los servicios más necesarios”, una recomendación que hay que tener muy en cuenta por parte del rescatador de una parte de la riqueza cultural de nuestra comunidad, que sin duda se hubiera perdido.