El miedo...

¡Buenos días!

Todos tenemos miedos

El miedo es una de las emociones más básicas del ser humano, así como de cualquier mamífero. Es una emoción que cumple un papel fundamental: la supervivencia.

¿Qué pasaría si viviéramos sin miedo? Moriríamos, viviríamos de forma tan temeraria que pondríamos en peligro nuestra vida y moriríamos a los pocos días de no tener miedo.

El miedo es caracterizado muchas veces como una emoción negativa, algo que hay que evitar y que está vinculado con la infelicidad, es muy importante en nuestra vida

El miedo sirve para sobrevivir, agudiza nuestra capacidad de reaccionar, es un mecanismo adaptativo a un entorno que, en ocasiones, nos da motivos para temerle. El miedo nos sirve para retirarnos de una situación de peligro, nos hace correr si vemos una amenaza.

Es importante aclarar que no existen emociones positivas o negativas  Cada una de ellas tiene su utilidad por eso no hay que reprimir las emociones. Cualquier emoción que se queda retenida es un lastre, un peso que arrastramos y que puede convertirse en un problema tanto emocional como físico.

Nuestro gran problema con el miedo, es que convivimos con miedos disfuncionales. Mañana hablamos de ello.

Los cuentos son fantásticos pedazos de sabiduría que, bien redactados, llegan hasta lo más profundo de nosotros mismos y nos hacen reflexionar.

Lee este a ver qué te parece ¿te resuena algo?

Animarse a volar

Y cuando se hizo grande su padre le dijo:

Hijo mío, no todos nacen con alas, y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería triste que te limitaras a caminar.

Pero yo no sé volar – contestó el hijo

Lo tomó de la mano y, caminando, lo llevó al borde del abismo.

Ves, hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar, sólo debes pararte aquí, respirar hondo, y saltar. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás.

El hijo dudó.

¿Y si me caigo?

Aunque te caigas no morirás, sólo tendrás algunas magulladuras que te harán más fuerte para el siguiente intento – contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo y lo contó a sus amigos y compañeros, con los que había andado toda su vida.

Los más cerrados de mente le dijeron:

¿Estás loco?

¿Para qué?

Tu padre delira

¿Qué buscas volando?

¿Por qué no te dejas de tonterías?

¿Quién necesita volar?

Los más lúcidos también sentían miedo:

¿Será cierto?

¿No será peligroso?

¿Por qué no empiezas poco a poco?

En todo caso, prueba desde una escalera… o desde la copa de un árbol ¿pero desde la cima?

El joven escuchó los consejos de quienes lo querían, subió a la copa de un árbol y con coraje saltó.

Desplegó sus alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas pero se precipitó contra la tierra.

Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:

¡Me mentiste, no puedo volar! Probé y mira qué golpe me di. No soy como tú, mis alas son de adorno – lloriqueó.

Hijo mío – dijo el padre – para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen del todo. Es como tirarse de un paracaídas, necesitas altura antes de saltar

Para aprender a volar hay que empezar corriendo un riesgo, de lo contrario, lo mejor es resignarse y seguir caminando”

Si quieres volar has de estar dispuesto a correr algún riesgo... o puedes seguir caminando.

Todos los grandes triunfadores han corrido riesgos en su vida, muchos de ellos consideran que son quienes son gracias a sus fracasos, gracias a las veces que saltaron y se dieron con el suelo pero volvieron a levantarse. Por todas esas lecciones que aprendieron fallando ahora son grandes voladores.

¿Quieres volar? Tienes que saltar.

¿Sabes reconocer tus miedos? Observa hasta ahora que has hecho con el miedo.

¿De qué te ha apartado? ¿Qué has conseguido?

¡Que tengas un día extraordinario!

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