Cuatrocientas almetas recorrieron la noche del sábado los caminos de Lupiñén

Organizada por la Comarca Hoya de Huesca|Plana de Uesca en colaboración con el Ayuntamiento de Lupiñén, Ortilla, Montmesa y Nuevo, el pasado sábado 4 de noviembre se celebró la primera marcha senderista teatralizada Camín d’as almetas.

Pese a las amenazas de la climatología, el número total de participantes, entre inscritos y voluntarios, alcanzó las cuatrocientas personas, que compusieron, con sus vestiduras blancas y sus caras maquilladas una numerosa comitiva de almetas, en recuerdo del tránsito que hacen, según la tradición aragonesa, los espíritus que en la noche de difuntos vagan por las calles y montes de la Hoya.

Fotos de José Luis Sanmartín

Fotos de José Luis Sanmartín

Las principales calles de Lupiñén amanecieron engalanadas para la ocasión gracias a la implicación de los vecinos de la localidad que, además de elaborar decorados y ambientaciones, diseñaron sus propias vestiduras y compusieron escenas tétricas que fueron presentadas a lo largo del camino de cinco kilómetros trazado en torno a la población, integrando las próximas ermitas de San Pedro y la Virgen de la Huerta.

Por medio de la colaboración técnica de miembros del Club Atletismo Huesca, se balizó el recorrido, se recepcionó a los inscritos, se les entregó la capa de almeta, se les maquilló y les sirvió un tentempié. Los primeros participantes llegaron a Lupiñén en torno a las 17:30 horas.

La amenaza de tormenta se materializó en el mismo momento en que en la plaza de la Torraza hacía presencia L’Abadesa, una mujer de Aniés con fama de bruja que fuera procesada y ajusticiada en 1574 en la ciudad de Huesca. Ella fue la encargada de presentar el evento e introducir la tradición oral con cuentos populares aragoneses, algunas de cuyas escenas más representativas, luego tendrían presencia en camín d’as almetas.

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El encendido de la hoguera a cargo de L’Abadesa daba inicio a la marcha de la comitiva de almetas, encabezadas por los totons con sus gaitas y percusiones. El recorrido por las calles de Lupiñén sirvió para contemplar el trabajo realizado en la ambientación del recorrido hasta llegar a la cruz, ya en las afueras del pueblo, donde estaba situada la primera escena tétrica.

Más adelante, unos antiguos músicos transformados en almetas hacían sonar sus tristes sones de violín y violonchelo, otros pastores hacían sonar sus trucos o, ya en la ermita de San Pedro y con el cielo totalmente despejado, se recreaba una instantánea del famoso cuento de Marieta y los higadicos del señor Agustín. Era la zona de avituallamiento con frutos secos y golosinas.

En la zona de la Zenia, un diablo hostigaba a los paseantes, mientras en la Virgen de la Huerta, ya en la parte final de la marcha, un aquelarre de brujas ofrecían vino dulce y buñuelos de viento, algunos de los cuales llevaban un sorprendente relleno de viscosa sustancia roja.

A la entrada del pueblo, con la hoguera ardiendo en toda su plenitud, el grupo de gaiteros acompañaban los últimos pasos hasta la plaza, donde L’Abadesa pronunciaba su alegato final, invitaba al último baile y a degustar una cena a base de longaniza.

La música pinchada por Íñigo Barona comenzó a sonar para poner punto final a una fiesta que, desde la organización, se valora como un importante éxito basado tanto en la gran participación, la singularidad de la propuesta y, especialmente, en la implicación y colaboración de los vecinos, asociaciones y empresas de Lupiñén y comarca.